RECOLETA CASA DE PUEBLO

En el Alto Ampurdán, Al pie de la Serra de l'Albera, lejos del bullicio pero en pleno casco antiguo de Capmany, se ubica discretamente entre sus calles esta casa de pueblo recuperada al paso del tiempo.

En la parte superior de la casa hay una terraza amplia en la que se ha dispuesto una zona de estar y un comedor de verano. Todo el mobiliario es de Antic Centre. El mantel de hilo es de C&C Milano.

Como si se tratase de un puzle gigante las piezas se fueron encajando en la decoración de una manera natural y sin estridencias. Ningún rincón se dejó desaprovechado.

El hall de entrada. Bajo las escaleras dos maniquíes metálicos comprados en Antic Centre, de donde procede tambien la mesa.

El descansillo de la escalera de la primera planta se ha aprovechado como cuarto de estar. El techo de madera se pintó de color blanco para ganar luz y ampliar visualmente el espacio.

La cocina y el comedor comparten espacio. En el primero se conservó vista la pared original de piedra. Los suelos son artesanales de barro cocido y compraron en La Bisbal. La mesa y las sillas son de Antic Centre.

En esta rehabilitación se buscó la naturalidad y la vida cómoda. Para huir del rústico puro se salpicó con piezas de estilo y otra del siglo XX, como la lámpara de la cocina.

Una tupida glicina protege la terraza de los rayos del sol.

Otro ángulo del dormitorio principal, con un amplio ventanal desde el que se divisa una bella panorámica del pueblo.

En el desembarco de la escalera del último piso está el dormitorio principal. Junto al cabecero, una puerta en arco lo comunica con el cuarto de baño.

Su población sigue explotando los viñedos y olivares, como hace generaciones y por ello vivir en Capmany resulta placentero todo el año. En sus calles siempre hay movimiento, la gente faena, y los tractores están contínuamente en marcha. La vida discurre como antaño.

La casa de dos plantas se erige en un chaflán, en una cantonada como dirían los catalanes, y antiguamente era una única construcción que ocupaba prácticamente toda la manzana y que disponía de su propio molino de aceite y de su propio pajar. Actualmente la vivienda que nos ocupa está reconstruída en base a estos dos habitáculos. Rasopaulos, la empresa que la rehabilitó, los encontró completamente abandonados, pero al presentar elementos originales con carácter y muy típicos del lugar, como la escalera original de piedra o sus peculiares espacios, le hizo decantarse por reformarla enteramente.

Los planos del proyecto hasta cierto punto eran importantes, pues delimitaban los espacios principales, pero a la hora de la verdad mandaba el día a día y aquellos elementos decorativos significativos que Rasopaulos descubría era respetados, pues se veía que podían conferir un alma especial y diferenciadora al interior que estaban construyendo. Todos los implicados en la reforma son oriundos de la zona, conocen los materiales, las formas de construir y la tradición. Ello, unido al buen ojo estético, no podía fallar. El resultado es una encantadora casa con alma en la que las paredes respiran textura, las piedras denotan su edad, las maderas están nutridas, los colores son sutiles y el buen gusto siempre está presente. Los propietarios actuales vieron enseguida estas características y se la quedaron como segunda residencia. Se decantaron por una decoración rústica, pero fresca; las piezas del mobiliario y su combinación destacan por su chispa. Todo conjuga a la perfección pero sin un orden preestablecido. Los ambientes envuelven y acogen en un abrazo cálido y placentero, sin producir agobios.


Artículo publicado en la revista CASA & CAMPO nº 182. Realización: Patricia Ketelsen. Fotos: Daniela Rosenfeld.



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